Sevilla, recuerdos de la otra Capital del Mundo

Un paseo por la Sevilla del Siglo XVI

Después de tantas lecturas, clases de historia y ahora después de disfrutar La Peste. La afamada serie de Alberto Rodríguez. Me gustaría hacer una pregunta. ¿No os gustaría visitar la Sevilla del siglo XVI? ¿No daríais lo que fuera por explorar la que era considerada capital del mundo durante la España imperial? La Nueva York del siglo XVI, en definitiva.

Sevilla siglo XVIImaginad un paseo por el antiguo puerto situado en el arenal. Cerca de la actual plaza de toros de la Maestranza. Donde cientos de personas se agolpaban para realizar labores portuarias y comerciar. De ahí cruzar una de las puertas, como por ejemplo el postigo del aceite que aún podemos admirar. Pasear alrededor de la catedral y ver como nobles y gente corriente vivían el frenético día a día, ya sea a pie o en lujosos carruajes. Poder contemplar en primera persona el trasiego de comerciantes e intrépidos marineros pasando por el Archivo de Indias a registrar sus aventuras y riquezas obtenidas en el nuevo mundo. Poder admirar las decenas de conventos e iglesias. Donde fervorosos frailes recordaban a la población cuales eran las normas divinas para vivir. Disfrutar de los palacios y grandes casas que señores y nobles engalanaban con plantas y diferentes lujos provenientes de cualquier rincón del planeta.

Todo lo descrito en el párrafo anterior es un sueño que cualquier amante de la historia puede tener, pero hoy me gustaría hablar sobre un tema no tan conocido. Me refiero a un afluente del Guadalquivir que hacía las veces de foso de la antigua muralla. Un afluente que llegaba desde los Alcores al norte de Sevilla y la rodeaba por el este hasta desembocar en el río a la altura de la Torre del Oro. Un arroyo ya perdido, soterrado bajo los pies del viajero que visita Sevilla, el Tagarete, uno de los afluentes que alimentan al omnipresente Guadalquivir y al que homenajea la transitada calle Arroyo.

El arroyo.

Llegaba desde el norte cruzando los caños de Carmona. Rodeaba a la muralla por la calle Arroyo y Reales Alcázares. Pasaba por lo que hoy es la calle San Fernando. Todo un protagonista de la historia de la ciudad de Sevilla, que hoy ha quedado en el olvido.

Como sucedió con otros tantos símbolos de Sevilla. Como la mayor parte de su muralla y puertas. Durante el siglo XIX se llegó a la conclusión que no eran compatibles con la moderna ciudad que se estaba proyectando. En 1849 se decidió que el Tagarete debía desaparecer de la vista de los sevillanos y se comenzaron las obras para soterrar el arroyo. Acabando de este modo con los riesgos de inundaciones y propagación de enfermedades que éste tenía. Pero también se soterró una buena parte de la historia de Sevilla que no merece ser olvidada. Ya que nuestro arroyo fue testigo de siglos y siglos de eventos que dan carácter a esta ciudad.

Actualmente podemos recordar al Tagarete a través de obras literarias como «La niña de plata» de Lope de Vega. O visitando un pequeño tramo descubierto en el parque Miraflores, al norte de Sevilla. Allí podemos disfrutar de este afluente del Guadalquivir que recordamos en este texto.

Sevilla tagarete

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