El Síndrome de Stendhal o Estrés del Viajero

Florencia StendhalStendhal y sus viajes por Italia

Me pregunto si alguna vez han sentido mareos, temblores o incluso alucinaciones al contemplar un lugar nuevo en alguno de sus viajes. Si lo sufrieron, sintieron lo descrito por el viajero francés del siglo XIX, Henri-Marie Beyle más conocido como Stendhal. Este señor, perteneciente a la corriente artística del Romanticismo sintió lo descrito con anterioridad al contemplar la basílica de la Santa Cruz en Florencia, Italia en 1817. Así quedó escrito en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio.

 

Él mismo lo describe del siguiente modo:

«Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».

¿Sufriremos el síndrome de Stendhal?

Viendo la sorprendente sensación descrita por el autor, Podríamos llegar a pensar que este síndrome de Stendhal, como es conocida esta sensación nos pueda llegar a ocurrir e incluso puede que algún amante del arte desee que le suceda porque ello significaría que ante sus ojos se encuentra una obra de belleza única y singular. Pero en mi opinión es bastante complicado que esto nos suceda. Primero, porque la mayoría de las atracciones turísticas no son tan exclusivas como solían ser en tiempos pasados. Ahora tenemos acceso a toneladas de información y generalmente antes de visitar un nuevo lugar normalmente nos informamos sobre que vamos a visitar.

En segundo lugar, hay que pensar en la época que vivió Stendhal, marcada por el Romanticismo, donde se tendía a ensalzar los sentimientos y sobre todo la libertad ante el racionalismo de la ilustración y el neoclasicismo del siglo XVIII. En definitiva, la naturaleza revolucionaria y de exageración de todo lo relacionado con los sentimientos experimentados con las vivencias del ser humano hacen que la contemplación de una obra de arte sea un acto que provoque esa sensación de grandeza por ver algo que muy pocos tienen la posibilidad de ver, un modo diferente de concebir la libertad, al fin y al cabo.

Antes de concluir me gustaría compartir mi top tres de lugares donde sufrí un “Síndrome de Stendhal”, pero sin llegar a desfallecer.

  1. Plaza de la ciudad vieja de Praga
  2. Calleja de las Flores en Córdoba
  3. Sierra Nevada fundiéndose con la Alhambra en Granada